La IA en tu carta: qué exigen realmente las nuevas normas de la UE
La IA ya está en la mayoría de las cartas: en la fotografía, en las traducciones y a veces en las propias descripciones de los platos. El 2 de agosto de 2026 empezaron a aplicarse las normas de transparencia de la UE sobre contenido generado con IA, con un segundo plazo el 2 de diciembre. Si diriges un restaurante, las obligaciones directas son más estrechas de lo que sugieren los titulares, pero las buenas prácticas que conviene adoptar son más amplias. Esta es la versión honesta.
Qué cambió el 2 de agosto de 2026
El artículo 50 del Reglamento de IA de la UE, el capítulo de transparencia, empezó a aplicarse el 2 de agosto de 2026. Aquí importan dos obligaciones. Los proveedores de sistemas de IA generativa deben marcar sus resultados de forma legible por máquina. Los responsables del despliegue deben etiquetar claramente las ultrafalsificaciones y los textos generados con IA publicados para informar al público sobre asuntos de interés público. Los sistemas que ya estaban en el mercado antes de esa fecha tienen hasta el 2 de diciembre de 2026 para aplicar el marcado legible por máquina. La Comisión también ha publicado un Código de buenas prácticas sobre transparencia del contenido generado con IA como vía reconocida de cumplimiento. Las sanciones alcanzan los 15 millones de euros o el 3 % del volumen de negocio anual mundial.
¿Se aplica algo de esto a la carta de un restaurante?
En su mayor parte no de forma directa, y conviene ser preciso en lugar de alarmista. Una fotografía o un vídeo estilizado de tu propio plato no es una ultrafalsificación: ese término se refiere a contenido que se parece a personas, lugares o hechos reales de un modo que induciría a error. Una carta tampoco es «texto publicado para informar al público sobre asuntos de interés público»: esa disposición apunta a la información periodística y cívica, no a describir una burrata. Y el deber de marcado legible por máquina recae en el proveedor del sistema de IA que utilizas, no en el restaurante que compra el resultado.
Hay un caso que sí te afecta de lleno: si pones un asistente de IA delante de tus clientes —un chatbot que toma reservas, una línea automatizada de pedidos por teléfono o mensaje—, hay que informar a las personas de que están tratando con una IA. Es un deber explícito del artículo 50 para quien lo despliega, y cada vez es más habitual en hostelería.
Las normas que ya eran vinculantes
El Reglamento de IA es la novedad, pero no es la norma que con más probabilidad pillará a un restaurante. Dos más antiguas aprietan más. Según el Reglamento (UE) 1169/2011, la información alimentaria no debe inducir a error sobre la naturaleza, identidad, cualidades o composición del alimento, y las imágenes son información alimentaria. La normativa de protección del consumidor dice algo parecido en términos más amplios: no puedes inducir a error a un cliente para que tome una decisión comercial que de otro modo no habría tomado.
Así que la prueba legal no es realmente «¿intervino la IA?». Es «¿representa esto con honestidad el plato que vas a servir?». Una fotografía muy retocada hecha por una persona puede no superarla. Un vídeo cuidadosamente producido con ayuda de IA a partir del plato real puede superarla sin problema. La tecnología no es lo relevante; la fidelidad sí.
Dónde aparece hoy la IA en las cartas
En cuatro sitios, más o menos por orden de frecuencia. Imágenes: mejorar, reiluminar o animar fotografías de platos. Traducción: pasar la carta a otros idiomas. Descripciones: redactar o pulir el texto de cada plato. Asistentes: pedidos por chat o voz. Cada uno conlleva un riesgo distinto, y solo el último tiene hoy un deber de etiquetado inequívoco.
La traducción es lo que exige más cuidado
Si te llevas un solo punto operativo de este artículo, que sea este. Traducir automáticamente información de alérgenos escrita como texto libre es realmente peligroso. «Sin frutos secos» puede volver de un motor de traducción convertido en algo que el cliente lee como «con frutos secos», y en un campo crítico para la seguridad no hay margen de error aceptable. La solución es estructural, no lingüística: guarda los alérgenos como un conjunto fijo de códigos numerados, idéntico para cada plato, y genera el texto de cada idioma a partir de una leyenda revisada por una persona. Traduce con libertad la prosa que rodea al plato; nunca traduzcas los datos de seguridad como prosa.
La misma lógica se aplica a todo aquello sobre lo que un cliente pueda actuar. Las descripciones y el texto de marketing pueden traducirse automáticamente con una revisión humana ligera. Los alérgenos, las etiquetas dietéticas y cualquier dato del que dependa una persona con una condición médica deben ser datos estructurados con una persona supervisando.
Cómo son hoy las buenas prácticas
Seis cosas, ninguna costosa. Una: etiqueta las imágenes o el movimiento asistidos por IA cuando un cliente pueda razonablemente confundirse sobre lo que está viendo; basta una nota breve y sin aspavientos. Dos: nunca dejes que una imagen generada invente el plato; debe producirse a partir de una fotografía real de lo que sirves. Tres: mantén un paso de aprobación humana antes de que nada llegue al cliente. Cuatro: conserva los alérgenos como códigos estructurados y confirmados por una persona, nunca como texto libre traducido a máquina. Cinco: si despliegas un asistente de IA, decláralo. Seis: pregunta a tus proveedores si sus sistemas llevarán marcado legible por máquina antes del 2 de diciembre de 2026: la obligación es suya, pero la carta es tuya.
Cómo lo hacemos en Cravd
Estamos en esta categoría, así que es justo explicar qué hacemos. Cada vídeo de plato parte de una fotografía profesional del plato real, facilitada por el restaurante: la imagen fija se usa tal cual y el movimiento se genera a partir de ella. No se inventa nada: si el plato no está fotografiado, no hay vídeo. El restaurante revisa y aprueba cada plato antes de publicarlo, y la app del comensal identifica el resultado como movimiento generado con IA en lugar de hacerlo pasar por metraje filmado. Los alérgenos son códigos numéricos confirmados por una persona antes de la publicación, nunca texto libre y nunca traducidos a máquina. Esa combinación es lo que permite traducir una carta a ocho idiomas sin que la información de seguridad se desvíe.
Lo que le importa al cliente no es si la IA ha tocado tu carta. Es si la carta dice la verdad sobre la comida.
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Cómo funciona nuestra traducción con IA →Fuentes
- European Commission — enforcement of AI Act rules and new transparency requirements from 2 August 2026
- European Commission — quick facts: transparency rules for AI systems (Article 50)
- European Commission — regulatory framework for AI (AI Act)
- EU Regulation 1169/2011 — food information to consumers (fair information practices)